El reciente cierre del Torneo Apertura y la falta de definición del Nivel 2 vuelven a poner sobre la mesa un problema que se repite temporada tras temporada: las demoras en el inicio de la competencia terminan condicionando toda la planificación del año.

El básquet sanjuanino atraviesa un buen momento dentro de la cancha. Los clubes trabajan, aparecen nuevos jugadores, el nivel de competencia crece y cada temporada se suman más protagonistas. Sin embargo, hay una realidad que vuelve a repetirse año tras año y que merece abrir un debate: la planificación del calendario deportivo.

El reciente cierre del Torneo Apertura dejó una sensación que ya parece habitual. No porque el campeonato haya sido excesivamente largo, sino porque la temporada volvió a comenzar más tarde de lo previsto, provocando un efecto dominó que termina condicionando todo el año competitivo.

En un calendario ordenado, el Apertura debería finalizar hacia fines de junio, permitiendo que julio funcione como un período lógico para descansar, reorganizar planteles y realizar una breve pretemporada antes del inicio del Clausura. Sin embargo, la realidad muestra otro escenario: el cierre de un torneo prácticamente se superpone con la preparación del siguiente, reduciendo al mínimo el margen de trabajo para clubes, entrenadores y jugadores.

La situación queda todavía más expuesta si se observa el resto de las competencias. Mientras el Nivel 1 recién definió a su campeón, el torneo de Nivel 2 aún no tiene un desenlace, dejando en evidencia un calendario que vuelve a llegar ajustado al segundo semestre.

Está claro que conducir una federación deportiva amateur no es una tarea sencilla. Existen limitaciones económicas, dificultades organizativas y una realidad que muchas veces obliga a resolver problemas sobre la marcha. Pero justamente por eso, la planificación se vuelve una herramienta indispensable.

En las últimas temporadas, el básquet sanjuanino también ha debido convivir con modificaciones sobre la marcha en los torneos, inconvenientes vinculados al arbitraje, dificultades económicas que atraviesan algunos clubes y situaciones institucionales que obligaron a reacomodar la competencia cuando ya estaba en marcha. Todo ello termina repercutiendo, de una u otra forma, en el desarrollo normal de la actividad.

El compromiso y la buena voluntad de quienes trabajan por el básquet son innegables. Sin embargo, el desafío pasa por construir una estructura organizativa que permita ofrecer un calendario estable, previsible y pensado para el crecimiento de la disciplina.

Porque el básquet sanjuanino tiene clubes que trabajan seriamente, entrenadores capacitados, jugadores con enorme proyección y dirigentes que sostienen la actividad con mucho esfuerzo. Tal vez haya llegado el momento de que la organización acompañe ese crecimiento deportivo.

El debate no debería centrarse en buscar responsables, sino en encontrar soluciones. Porque si el objetivo es que el básquet siga creciendo, el calendario también tiene que jugar para el mismo equipo.


✍️ Opinión | SanJuanDeportes

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